martes, 27 de diciembre de 2011

Aquí mando yo.

Y si una cosa tengo clara a estas alturas, es que en mi vida mando yo y nadie más que yo. Que la gente influye, enseña y da lecciones, pero aquí el control lo tengo yo. Empecé a ser yo misma el día que empecé a ignorar lo que pudieran pensar, decir, hablar, gritar o meditar los demás de mi, la cara con la que mirasen o si les importase mi existencia, la ignoraran o preferiesen que dejase de existir; no soy creída ni tengo nada de lo que presumir, únicamente de que yo soy yo misma, no una copia barata de mi alrededor; es mi mundo, es mi vida, es mi juego, mando yo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Fernando Pinta Guerrero.

En mi vida he experimentado todo tipo de sentimientos. Buenos, malos, duraderos, cortos, largos, buenos, malos, agradables, desagradables, irrepetibles, inimaginables... Y ahora quiero saber cómo es esa sensación de enloquecer. Pero no una locura cualquiera, quiero enloquecer contigo, quiero disfrutar hasta el mínimo segundo a tu lado, quiero gritar, correr, saltar, decirte mil te quieros al oído mezclados con mordisquitos; quiero verte, abrazarte, llorar de alegría, quiero pegarme a ti con superglue y que ni el más fuerte de los disolventes me pueda separar, quiero una vida junto a ti, tener siete vidas contigo y que ni la muerte nos separe.

domingo, 18 de diciembre de 2011

frmltr

No creía en el siempre. Siempre pensó que las amistades no servían para nada. Que todo el mundo intentaría clavarle mil puñales en la espalda si pudiera, que la confianza pocos resultados daba. Hasta que la conoció a ella. Ella, una chica tan igual en algunas cosas y tan diferente en otras. Una hermana mayor, un ejemplo, un apoyo, una sonrisa y unos brazos que siempre estarían abiertos. La locura personificada, una pozo sin fondo para guardar sus secretos pero a la vez una tumba que nunca se podría abrir. Sinónimo de seguridad, sabía que nada podría pasarle mientras ella estuviera a su lado, y tenía clarísimo que mataría y daría la vida por defenderla. Era una divertida mezcla entre amiga, abuela y madre. Amiga, porque con ella podía irse de fiesta, hacerse mil fotos; gritar, saltar, bailar y cantar. Madre, porque cada vez que hacía algo mal, ahí estaba para echarle sermones y broncas; y abuela...eso era cosa de ellas. Se criticaban en la cara lo que hacían mal y se hacían de escudo mutuo a sus espaldas, encontraba la mayor seguridad en sus abrazos; la adoraba, sus locuras, sus noches hasta las 6 de la mañana viendo películas tristes para llorar, sus planes maléficos, las sorpresas a sus novios y los mil apodos.

Y es que no fue un desde siempre;
 





pero sí un para siempre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

alegre navidad.

Miré el reloj. Todavía quedaba media hora. Me daba igual, esperaría. En mi cabeza solo rondaba una palabra: Nervios. Llevaba cuatro meses doce días y cuatro horas esperando ese momento, ese perfecto momento. Crucé las piernas en la silla, sentándome como una india. Me di cuenta de que llevaba desde que había llegado mordiéndome las uñas, y de que ya poco quedaba del esmalte negro que me había puesto esa misma mañana. Volví a mirar el reloj. 18:12. Ya quedaba menos. Miré el gran ventanal que había a mi espalda. Las luces de navidad daban un toque de alegría a todo el paisaje, desde dentro se podía captar ese aroma a felicidad, dulzura, a alegría e ilusión. Volví a mirar hacia adentro. La gente no dejaba de salir por tres puertas automáticas que nunca llegaban a cerrarse del todo debido al exceso de tráfico. Abrazos, emociones a flor de piel, lágrimas, sonrisas, reencuentros, ojos vidriosos. Suspiré. Esa vez miré la hora del móvil; así, de paso, comprobaba que no tenía ninguna llamada de él. Las seis y veintiocho de la tarde. Teóricamente su avión aterrizaba a y veinticinco justas. Estaba a punto de salir. Eché la vista atrás, sin poder evitar sonreír. Verano, oh verano. Éramos dos simples adolescentes que querían divertirse, salir de fiesta, hacer mil locuras y romper todas las normas; pero siempre juntos. Éramos uno, inseparables, le admiraba, le adoraba; nunca tuve ojos para ningún otro desde que le conocí, me enseñó a quererle cada día un poquito más hasta extremos inimaginables. Las cosas habían cambiado muchísimo, demasiado en tan poco tiempo, pero seguía amándole igual o incluso más.
De repente un escalofrío recorrió hasta el más escondido rincón de mi cuerpo. Alcé la vista. Allí estaba. Era él; llevaba una chaqueta de cuero negra que ya había visto antes que tapaba parte de una camiseta blanca con un dulce dibujo de el monstruo de las galletas; unos vaqueros azul marino y unas zapatillas Adidas amarillas y negras que me resultaban familiares. En la mano llevaba cogida una maleta pequeña negra lisa. Seguía exactamente igual que la última vez que le vi, igual de guapo, igual de encantador que siempre. Me levanté de un salto, corriendo hacia él. No le dio tiempo a reaccionar, cuando se dio cuenta ya estábamos fundiéndonos en un esperadísimo abrazo. Le miré a los ojos, los tenía vidriosos, al igual que yo. Me susurró al oído "prohibido estar tanto tiempo sin vernos, pequeñaja". Era nuestra frase. Volví a abrazarle con fuerza, fuimos hacia la salida, abrazados. Solo deseaba que aquello no acabase nunca; le quería como nunca nadie lo iba a hacer.
Ángeles Smallow.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cambios radicales

¿Quién no ha puesto la típica frase de "¿la gente cambia con el tiempo o el tiempo te demuestra como son en realidad?"? La gente con el tiempo se va dando hostias. Se va equivocando, comete errores, tropieza con la misma piedra más de dos y más de tres veces, ríe, llora, se enamora, ama, odia...Y cambia. Se vuelve más fuerte, menos confiada, o más vulnerable.. hay de todo. Ahí, la gente cambia con el tiempo; pero en el fondo siempre seguirán siendo los de antes, lo que con más experiencia encima. Y claro que el tiempo te demuestra como son en realidad, las máscaras tarde o temprano o se te rompe la goma, o se desgastan. ¿Cambios radicales? No creo en ellos. De la noche a la mañana no cambias. Ni queriendo ni sin querer; como mucho te dura tres días, puedes intentar ser más desconfiado, menos vulnerable, menos tonto, menos gruñón, pero si de verdad logras hacerte una máscara te harás daño a ti mismo y la gente querrá a la persona que conoció, no a la que dices ser ahora.

sábado, 3 de diciembre de 2011

remember me

¿Nunca te has parado a pensar en qué pasará cuando mueras? En cómo te recordarán... A mi me gustaría que si hoy salgo a bajar la basura y me atropella un coche, me recordasen como esa chica que nunca dejaba de sonreír, el alma de las fiestas, la tonta que cantaba en clase canciones absurdas que pegaba a todo el mundo y al final todos cantaban por su culpa, un hombro en el que siempre se ha podido llorar, esa chica que estaba metida en todas las fiestas y follones, la que sin saber cómo acababa metida en todos los líos pero ella solita salía riendo. La que se cayó mil veces y se levantó mil y una, la que nunca se rendía y nunca tiró la toalla. ¿Quieres que a ti te recuerden como el amargado de turno gruñón antipático que nunca estaba bien? Pues mueve el culo, que las cosas no pasan solas.

Ángeles Smallow.

viernes, 2 de diciembre de 2011

lo contaré deprisa, para que lentamente llegue a tu sonrisa

Con el paso del tiempo una aprende. Yo aprendí que no hay mejor maestro que la vida y sus caídas. Aprendí que después de caerse hay que levantarse. Que no todas las sonrisas son de felicidad, también existen las de fuerza. Aprendí que nunca sabrás lo fuerte que puedes llegar a ser hasta que no necesitas serlo. Que los extremos no son buenos; si estás en lo más alto la caída duele el triple, pero el buen rato no te lo quita nadie. Que el amor está muy bien, pero un desamor puede destrozarte. Que de todo se sale con el tiempo, que amargarse sirve de poco pero es inevitable. Que mi autoestima roza el suelo y mi estado de ánimo da vueltas cual noria, que basta que confies ciegamente en alguien para que te clave el puñal en la espalda y que cuando lleves una racha excelente de todo saliéndote bien todo se torcerá y saldrá mal. Pero en fin; la vida es así.

Ángeles Smallow.

smile

Un día me pinté una sonrisa en la cara con permanente. Decidí ahorrarme que los demás se preocuparse por mi, caras largas, creí que era mejor guardarme las cosas para mí misma y centrarme en los demás, ya que si los hacía felices a ellos, ellos me harían feliz a mí. ¿Sabes? Fue la mayor chorrada que se me podía ocurrir jamás.

Ángeles Smallow.