lunes, 21 de mayo de 2012
Vomité mi alma en cada beso que te dí.
Y desperté. Percibí luz a mi alrededor. Inspiré. Todo su olor me invadió. Abrí mis párpados lentamente. Sábanas blancas. Pocos pétalos de rosa quedaban encima de la cama, el suelo estaba inundado de ellos. Pequeños rayos de sol iluminaban porciones de cama, con la ventana entrecerrada, cosa que hacía que la visión fuera en blanco y negro. A mi izquierda, él. Lucía un gran y llamativo mordisco en el cuello. Reí brevemente. Noté que tres centímetros eran demasiada distancia de él y me deslicé buscando su abrazo. "Buenos días, mi princesa", susurró en mi oído. Y ahí me di cuenta de que era incapaz de querer a otra persona que no fuera él.
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